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 Comunicado del Secretariado Ejecutivo Del Consejo Diocesano de Laicos...

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 Se les informa a todos los participantes de las Escuelas de Formación, que el próximo Sábado 10 de JUNIO de 2017 tendremos encuentro en las sedes de las respectivas escuelas. Información: +58 414 7177058

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 Esta Planificación Especial corresponde a las sedes donde nos reunimos solo una vez al mes...

Eucaristía Dominical

P. Flávio Roberto Lorenzato, EP.-Con el pecado de nuestros primeros padres y su expulsión del Paraíso, fruto de su desobediencia, Dios dejó para ellos, en el momento de la punición, la esperanza de que por la raza de la mujer sería aplastada la cabeza de la serpiente (cf. Gn 3,15). En su infinita Bondad, quiso Dios reforzar a los hombres esa promesa suya, a través del profeta Isaías: "Es que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y su nombre será Dios con nosotros" (Is 7, 14) [1]. ¿Quién sería esta mujer misteriosa que aplastaría la cabeza de la serpiente y que, en una paradoja humanamente irreconciliable, concebiría permaneciendo siempre virgen, conforme la profecía de Isaías?

Esta mujer, que la Santa Iglesia proclama Madre Purísima y Virgen Gloriosa, al anuncio de que concebiría el Hijo del Altísimo por la virtud del Espíritu Santo sin conocer hombre alguno (Cf. Lc 1,28-37), y segura de que "a Dios ninguna cosa es imposible" (Cf. Lc 1,37) [2], realizó "de la manera más perfecta la obediencia de la fe" [3], de que nos habla San Pablo (cf. Rm 1,5), cuando dijo: "He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra" (Cf. Lc 1,38). [4]

De este modo, con su consentimiento, abrazando de todo corazón la voluntad divina de salvación, María se tornó Madre de Jesús y "se consagró totalmente, como esclava del Señor, a la persona y obra de su Hijo", para servir, en la dependencia de Él y con Él, por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención. [5] "Con razón, pues, los Santos Padres estiman a María no como un mero instrumento pasivo, sino como una cooperadora de la salvación humana, por la libre fe y obediencia". [6]

Así, comenta San Ireneo: "el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María. Lo que una hizo por incredulidad lo deshizo la otra por la fe". [7] A este respecto, es interesante notar, con un autor francés, el modo como Dios transmitió su voluntad a ambas, siendo mucho más claro, incisivo y categórico con relación a Eva, lo que no era necesario con María, ya que sabía entender la voluntad divina incluso sin un mandato expreso, lo que es el más alto grado de obediencia, como vimos en el capítulo precedente: [8]
"En el Paraíso Terrestre, el propio Dios hizo a la primera Eva una prohibición expresa, con la amenaza de una terrible sanción: "No comas del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal; porque, en cualquier día que comas de él, morirás indudablemente" (Gn 2, 17) [9]. Con todo, la infortunada madre de los hombres desobedeció a su Creador.

"A María, al contrario, por su mensajero celeste, Dios se limita a expresar un deseo del cual Ella podría eximirse sin incurrir en su maldición: ‘Encontraste gracia delante de Dios; es que concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a Quien colocarás el nombre de Jesús' (Lc 1, 30-31)". [10] Ahora, si vemos a la dulce Virgen quedar atónita por un instante, no es por la duda delante de la voluntad de Dios, pues solamente su incomparable humildad y delicada pureza la hacen temer a la insigne honra de la maternidad divina.[11]

La obediencia de María en algunos pasajes bíblicos

Y así, toda la vida de María no fue sino un continuo descubrir la voluntad de Dios para someterse lista y dócilmente a ella. Y si es verdad que "la obediencia de María inspiró la concepción del Verbo de Dios; la obediencia de María presidirá también al nacimiento del Salvador de los hombres" [12] y a su infancia.

Así, junto a San José, su castísimo esposo, se observa a María obedeciendo al decreto de registro promulgado por César Augusto (Lc 2,2-5), sufriendo con humildad y sin reclamar el infortunio de no encontrar una puerta abierta para abrigar su pobreza, llegando a refugiarse en un establo, donde se completó el gran misterio de amor. Todo esto porque veía en aquella prueba la manifestación de la voluntad divina. [13] Allí, en la más absoluta privación, "María obedece siempre y, susurrando el ‘Fiat' de la Encarnación, prepara a su recién nacido". [14]

Cuarenta días después del nacimiento de Jesús, la voz de Dios habla nuevamente a María invitándola a presentarse en el Templo para purificarse. Pero, siendo Virgen Inmaculada, en cuya maternidad milagrosa no había siquiera resquicio de la mancha del pecado original, ¿cómo podría esa ley de purificación afectarla? "¡Poco importa! Dios habló, María obedece y se junta a las otras madres, para compartir la humillación". [15] En este pasaje (Lc 2,21-24), se contempla a María obediente a las prescripciones de la Ley judaica; Ella, que no necesitaba de una purificación legal, como explica Monseñor João Scognamiglio Clá Dias:

porque concebida sin pecado original, virginalísima, no teniendo esposo hombre, a no ser esposo Dios, estaba por encima de la Ley completamente. [...] ¿Y qué sentido tiene la Madre entregar a Dios aquello que es de Dios? Es de Dios, pues Él, Jesús, es Hijo de Dios. No había sentido Ella ir al Templo para eso. Entretanto Ella quiere cumplir la Ley, y Ella quiere cumplir en las minucias. Y llega al Templo y coloca al Niño Jesús en las manos de Simeón. Y, por tanto, Ella entrega a Dios lo que es de Dios y sabe perfectamente lo que significa aquel gesto; aquel gesto significa que Ella está entregando al Niño Jesús para la Cruz. Porque quien recibe al Niño Jesús en ese momento es Simeón, pero más tarde en el Calvario, quien estará con los brazos abiertos para recibir no más al Niño Jesús, sino el propio Hijo de Dios hecho hombre, todo llagado, es la Cruz. La Cruz está de brazos abiertos.

Entonces, este acto es un acto que Ella cumple porque quiere ser obediente, pero cumple con toda la comprensión de la gran perspectiva que tiene delante de sí. Y nosotros vemos entonces a Nuestra Señora, en este acto, resaltando una virtud extraordinaria que es la virtud de la obediencia".[16]

Pero su obediencia no se limitaba solamente a la ley judaica. "Ella practicó, igualmente, la obediencia perfecta a todos los mandamientos, acompañada de la más generosa prontitud en seguir todos los consejos e inspiraciones del Espíritu Santo".[17] Y cuando María pensaba prodigar a su Divino Hijo todas las efusiones de su ternura, aparece nuevamente el Ángel del Señor, comunicando la orden de partir a Egipto, pues Herodes, el cruel tirano, tramara la muerte de Jesús (cf. Mt 2,14). "Es el exilio, con sus incertezas y sus peligros. María, entretanto, no cesa de obedecer: repitiendo su ‘Fiat', Ella aprieta a su corazón angustiado y dulce Salvador del mundo y huye a toda prisa para la tierra de Egipto".[18]

Así se dio hasta el inicio de la vida pública de su Hijo, cuando podemos oírla intercediendo en favor de los esposos que pasaban por un gran apuro, por la falta de vino en las bodas de Caná, con palabras que servirán de recomendación de esta virtud para todos los siglos: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5). [19]

 

El mayor título de gloria de María: el elogio de Jesús a su obediencia

El Evangelio narra además dos episodios, con varios aspectos semejantes entre sí, donde el valor de la obediencia de Nuestra Señora es exaltado de forma extraordinaria por el propio Nuestro Señor Jesucristo. Esta glorificación de su sumisión a la voluntad divina es sobretodo esplendorosa teniéndose presente que "el dogma más importante de la Virgen María es su maternidad divina".[20]

El primero de los dos hechos, narrado por Lucas, se dio en una ocasión en que, después de Jesús haber curado un poseído, los fariseos pasaron a acusarlo de hacer milagros en nombre de Belcebú. El Divino Maestro estaba rebatiendo victoriosamente esa blasfema calumnia cuando, de súbito, una mujer grita en medio de la multitud que lo escuchaba: "Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que te amamantaron" (Lc 11,27). [21] Nuestro Señor Jesucristo, sin embargo, con palabras que resaltan el valor de la obediencia, retrucó: "Antes bienaventurados aquellos que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica" (Lc 11,28). [22]

Para una persona con poca instrucción teológica podría parecer, a primera vista, que Nuestro Señor no prestó la honra y homenaje debidos a Su Madre. Entretanto, "...en esa respuesta, de hecho, Nuestro Señor proclamó para todas las generaciones que la Virgen María sería glorificada no tanto por sus privilegios y su dignidad de Madre de Dios, como por haber oído y practicado integralmente la palabra y las órdenes de Dios. Haber tomado como ley la voluntad divina y cumplido con fidelidad, y a costa de todos los sacrificios, los designios del Padre Celeste, es -como dijo San Agustín- el más bello título de gloria de María. [23]"

Oír la palabra de Dios y ponerla en práctica es, evidentemente, obedecer, como explica Stöger: "obedecer significa escuchar la manifestación de la voluntad de otro ([...] αχουειν, υπαχουειν) y darle respuesta". [24] Por tanto, estas palabras del Divino Salvador patentizan que Nuestra Señora era más feliz por ser obediente, escuchando la palabra de Dios y poniéndola en práctica, que propiamente por su dignidad de Madre de Dios, lo que significa una magnífica exaltación del valor de la obediencia practicada por María Santísima. Para corroborar lo sobredicho, es oportuno recoger en los Santos Evangelios un episodio más descrito por Mateo, en su capítulo 12, versículos 46-50, que ilumina enteramente los comentarios arriba aportados:

Jesús hablaba todavía a la multitud, cuando vino su madre y sus hermanos y esperaban del lado de afuera la ocasión de hablarle. Le dijo alguien: ‘Tu madre y tus hermanos están ahí afuera, y quieren hablarte'. Jesús respondió: ‘¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?' Y, apuntando con la mano para sus discípulos, agregó: ‘Están aquí mi madre y mis hermanos. Todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre'. [25]

Entretanto, hay una preciosidad más. Después de una vida entera de obediencia, se contempla, por fin, el momento de cumplirse la profecía de Simeón: "una espada traspasará tu alma" (Cf. Lc 2,35). [26] Así como María se había presentado obediente en el Templo, llevando al Tierno Infante en sus brazos, en un acto supremo de obediencia a la voluntad divina, Ella también lo ofrecerá voluntariamente como Víctima en el altar de la Cruz, a fin de que sea obrada la Redención del género humano.

Dios habló, es preciso que Jesús, el inocente Hijo de María, derrame su sangre por la redención del mundo. ¡Ah! ¿Esta vez oiremos subir del Corazón de María, de su Corazón de Madre, un grito de revuelta? No. María permanece de pie junto a la Cruz y, mientras Jesús gime en amargo llanto, Ella se calla, con el corazón traspasado de dolor, y derrama en silencio lágrimas de sangre. Inclinando la cabeza, Jesús expira, obedeciendo hasta la muerte de cruz, y al mismo tiempo María, obediente y resignada, inclina también su cabeza sobre su corazón quebrantado.

¡Oh heroica obediencia de nuestra Madre, qué ejemplo y qué lección diste a los cristianos de todos los siglos! [27]

Por la obediencia a la voluntad divina, Nuestra Señora cooperó real e inmediatamente con su Hijo en la grandiosa obra de la Redención de los hombres, reparando a los pies de la Cruz el pecado de la desobediencia de Adán y Eva delante de la justicia divina, y mereciendo, en unión con Él, todas las gracias de la Redención.

Quiso Dios Padre que, a la Sangre derramada por su Hijo, fuesen unidas las lágrimas de María como precio de este rescate, a pesar de ‘per se' no ser absolutamente necesario. En una palabra: "En la economía de la salvación, no hay un Corredentor y una Corredentora, sino un solo Redentor y una Corredentora. En este sentido, se puede decir que la cooperación de la Virgen es parte integral de nuestra Redención".[28]

Como dijo el bienaventurado Papa Juan Pablo II,

...María, la Madre de Dios, es modelo para la Iglesia [...]. Por su adhesión incondicional a la voluntad divina que le fue revelada, se torna Madre del Redentor, con una participación íntima y toda especial en la historia de la salvación. [...] Al confesarse ‘sierva del Señor' (Lc 1,38) y al pronunciar su ‘sí', acogiendo "en su corazón y en su seno" el misterio de Cristo Redentor, María no fue instrumento meramente pasivo en las manos de Dios, sino cooperó en la salvación de los hombres con fe libre y entera obediencia. Sin nada sacar o disminuir y nada agregar a la acción de aquel que es el único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo, María nos apunta las vías de la salvación, vías que convergen todas para Cristo, su Hijo, y para su obra redentora.[29]

Por esta razón, la tradición de los Padres de la Iglesia colocan a Nuestra Señora como prototipo y modelo de obediencia para todos los cristianos.

El ejemplo de María en la Iglesia primitiva

En general, "en la patrística de los primeros siglos se recoge y desarrolla el paralelismo que estableció San Pablo entre Adán y Cristo, tal como la referencia a María, con relación a Eva, bajo el aspecto de la obediencia". [30] Durante el segundo y tercer siglos, "San Justino, San Ireneo y Tertuliano insisten sobre el paralelo entre Eva y María y muestran que, si la primera concurrió para nuestra caída, la segunda colaboró en nuestra redención".[31] San Ireneo, por ejemplo, afirmaba que

...como Eva, seducida por las palabras del ángel (rebelde) se desvió de Dios y traicionó la palabra dada, así María oyó del Ángel la buena nueva de la verdad y trajo a Dios en su vientre por haber obedecido sus palabras [...] El género humano amarrado por una virgen y liberado por una virgen [...]; la prudencia de la serpiente cede a la simplicidad de la paloma; fueron rotos los lazos que nos prendían a la muerte. [32]

 

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[1] "Ecce, virgo concipiet et pariet filium et vocabit nomen eius Emmanuel".
[2] "non erit impossibile apud Deum omne verbum".
[3] CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. n. 148.
[4] "Ecce ancilla Domini; fiat mihi secundum verbum tuum".
[5] "Ita Maria filia Adam, verbo divino consentiens, facta est Mater Iesu, ac salvificam voluntatem Dei, pleno corde et nullo retardata peccato, complectens, semetipsam ut Domini ancillam personae et operi Filii sui totaliter devovit, sub Ipso et cum Ipso, omnipotentis Dei gratia, mysterio redemptionis inserviens". CONCILIO VATICANO II. Lumen Gentium. Constitución Dogmática sobre la Iglesia, 21 nov. 1964. In: AAS 57 (1965) 56. p. 60. (Traducción del autor).
[6] "Merito igitur SS. Patres Mariam non mere passive a Deo adhibitam, sed libera fide et oboedientia humanae saluti cooperantem censent". Loc. cit.
[7] "Sic autem et Evae inobedientiae nodus solutionem accepit per obedientiam Mariae. Quod enim alligavit virgo Eva per incredulitatem, hoc virgo Maria solvit per fidem". (Contra Haereses, 3, 22, 4. In: MIGNE, J. P. Patrologiae Cursus Completus: Patrologiae Grecae. Turnholt: Typographi Brepols Editores Pontificii, 1857. Vol. 7. p. 959-960).
[8] Ver 1.2.1. deste trabalho.
[9] "De ligno autem scientiae boni et mali ne comedas; in quocumque enim die comederis ex eo, morte morieris".
[10] "Ne timeas, Maria; invenisti enim gratiam apud Deum. Et ecce concipies in utero et paries filium et vocabis nomen eius Iesum".
[11] A OBEDIÊNCIA: O MAIS BELO TÍTULO DE GLÓRIA DE MARIA. In: Arautos do Evangelho. São Paulo: [s.n.], n. 53, maio. 2006. p. 34. Artículo publicado originalmente en "L'Ami du Clergé Paroissial". [s.l.]: [s.n.], 1905, p. 529-530.
[12] A OBEDIÊNCIA: O MAIS BELO TÍTULO DE GLÓRIA DE MARIA. In: Op. cit. p. 35.
[13] Cf. Loc. cit.
[14] Cf. Loc. cit.
[15] Cf. Loc. cit.
[16] CLÁ DIAS, João Scognamiglio. A obediência, virtude que mais custa e que é a mais bela!: Homilia. São Paulo, 29 dez. 2007. (Arquivo ITTA-IFAT).
[17] GARRIGOU-LAGRANGE, Réginald. La Mère du Sauveur et notre vie intérieure. Paris: Du Cerf, 1948. p. 144-147. Apud CLÁ DIAS, João Scognamiglio. Pequeno Ofício da Imaculada Conceição comentado. 2. ed. São Paulo: Loyola, 2011. Vol. 2. p. 226.
[18] A OBEDIÊNCIA: O MAIS BELO TÍTULO DE GLÓRIA DE MARIA. In: Op. cit. p. 35.
[19] "Quodcumque dixerit vobis, facite".

________________________________________

[20] Cf. BANDERA, Armando. In: RODRIGUEZ VILLAR, Idelfonso. Conoce a tu Madre. Madrid: BAC, 1968. p. 89. 
[21] "Beatus venter, qui te portavit, et ubera, quae suxisti".
[22] "Quinimmo beati, qui audiunt verbum Dei et custodiunt".
[23] A OBEDIÊNCIA: O MAIS BELO TÍTULO DE GLÓRIA DE MARIA. In: Op. cit. p. 34.
[24] STÖGER, A. Obediência: I. Na Sagrada Escritura. In: FRIES, Heinrich. Dicionário de Teologia: conceitos fundamentais da teologia atual. São Paulo: Loyola, 1970. Vol. 4. p. 29.
[25] "Adhuc eo loquente ad turbas, ecce mater et fratres eius stabant foris quaerentes loqui ei. Dixit autem ei quidam: ‘Ecce mater tua et fratres tui foris stant quaerentes loqui tecum'. At ille respondens dicenti sibi ait: ‘Quae est mater mea, et qui sunt fratres mei?'. Et extendens manum suam in discipulos suos dixit: ‘Ecce mater mea et fratres mei. Quicumque enim fecerit voluntatem Patris mei, qui in caelis est, ipse meus frater et soror et mater est'".
[26] "tuam ipsius animam pertransiet gladius".
[27] A OBEDIÊNCIA: O MAIS BELO TÍTULO DE GLÓRIA DE MARIA. In: Op. cit. p. 35.
[28] ROSCHINI, Gabriel M. Op. cit. p. 85-86. Id. La Madre de Dios según la fe y la teología. Madrid: [s.n.], 1955. p. 474-475. Apud ROYO MARÍN, Antonio. La Virgen María: Teología y espiritualidad marianas. Madrid: BAC, 1968. p. 152-153.
[29] Cf. JUAN PABLO II. Homilia na Dedicação da Basílica Nacional de Aparecida. In: Pronunciamentos do Papa no Brasil. Petrópolis: Vozes, 1980. p. 125-130.
[30] Cf. LA OBEDIENCIA EVANGÉLICA EN LA VIDA CONSAGRADA. n. 2. In: L'Osservatore Romano, 7 dez. 1994. Disponível em:
. Acesso em 11 nov. 2011.
[31] TANQUEREY, Adolphe. O dogma e a vida interior. Trad. M. Costa Maia. Lisboa: Aster, 1961. p. 135.
[32] "Quemadmodum enim illa per angeli sermonem seducta est, ut effugeret Deum, praevaricata verbum eius; ita et haec per angelicum sermonem evangelizata est, ut portaret Deum, obediens eius verbo. [...] Et quemadmodum astrictum est morti genus humanum per Virginem, salvatur per Virginem [...] serpentis prudentia devicta in columbae simplicitate, vinculis autem illis resolutis, per quae alligati eramus morti". (Contra Haereses, 5, 19, 1. In: MIGNE, J. P. Patrologiae Cursus Completus: Patrologiae Grecae. Turnholt: Typographi Brepols Editores Pontificii, 1857. Vol. 7. p. 1175-1176).

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